¿ES TARDE PARA APRENDER ALGO NUEVO?

Primavera del 2008.

Una versión más joven de mí mismo sacaba su primera maqueta con cuatro canciones, dos de ellas compuestas por mis amigos de Game Records y otras dos por mí mismo.

Yo no tenía ni idea de composición de canciones, pero sí había escrito mucha poesía y, en general, se me daba muy bien escribir (espero que todavía pueda apreciarse), por lo que mis canciones fueron presentadas a la productora en audios directamente grabando la melodía con mi voz ya que no manejaba ningún instrumento para hacerlo de otra manera.

Esta circunstancia me limitaba bastante, primero porque a la hora de componer una canción el poder soportarse en un instrumento es importante, y segundo, porque siempre iba a depender de otro músico para poder actuar frente al público.

Esto me hizo plantearme el aprender a tocar la guitarra.

Mi primer pensamiento fue ir a una academia, gran error. Aprender a hacer escalas, teoría de la música y un largo etcétera eran obstáculos muy altos que saltar para alguien que iba muy motivado a poder tocar sus propias canciones.

Me volví a casa y comencé a intentarlo de manera autodidacta, aunque he de decir que mi profesor de guitarra, Juan, se convirtió en mi amigo y guitarrista de confianza durante muchos años, he hice muchas actuaciones junto a él, pero esta es otra historia que contaré en otra ocasión.

Como digo, decidí hacerlo por mí mismo. Busqué cuales eran los acordes más habituales, mayores, menores, los tocaba una y otra vez para acostumbrar a mi mano a esas posiciones nunca antes intentadas (quien toque la guitarra conocerá esa sensación de impotencia al ver que tu mano no hace lo que su mente le pide) y veía vídeos de actuaciones de mis artistas favoritos para intentar copiar sus acordes fugazmente.

Dirás que por qué no buscaba tutoriales por Youtube, ¡ay, amig@!, Youtube había nacid­o menos de dos años atrás y era un páramo donde subíamos vídeos cuatro colgados sin pensamiento de nada más allá que guardar nuestros vídeos “ahí arriba”.

Pues resulta que comencé a aprenderme canciones que me gustaban, incluso era capaz, poco a poco, de poder cantarlas a la vez que las tocaba, evolucioné y hasta era capaz de tocarlas y cantar sin mirar a la guitarra para ver donde ponía la mano en los acordes y, ¡por fin!, comencé a hacer mis propias melodías originales y componiendo letras para ellas, que me llevaron hasta tocar y cantar frente a un gran público, algo que un año y poco meses antes me parecía imposible cuando entré por la puerta de la academia de guitarra por primera vez.

Ahora pensarás que seguí aprendiendo, perfeccionando, que mis composiciones de guitarra fueron mejorando y cada vez sintiendo más soltura tocando sobre el escenario, tocando otros estilos de música y, en definitiva, evolucionando.

Pues no.

Todas las horas y esfuerzo que había puesto para poder llegar a componer con la guitarra y, al menos, poder tocar mis canciones se quedaron ahí.

Paré de aprender, ¿Podría haber seguido y mejorado? Por supuesto, pero también tendría que haber puesto mucho más esfuerzo y horas y la velocidad con la que adquirí nuevos conocimientos cada vez iba a ser más lenta hasta cada vez necesitar mucho más foco para aprender técnicas o melodías nuevas.

Para llegar al nivel de poder tocar y cantar frente al público solo necesité poco más de un año, pero para llegar al nivel de perfeccionamiento que, por ejemplo, tenía mi guitarrista Juan necesitaría tantos años como él había necesitado.

Plantearlo así abruma a cualquiera, pero ¿Cuánto tiempo REAL le llevo a Juan llegar al nivel de excelencia que tenía cuando lo conocí y por el que decidimos unir nuestros caminos musicales?

Sin duda tuvo una primera fase en la cual, como me pasó a mi, su evolución y aprendizaje de nuevas técnicas y estilos fue rapidísima, después con esa base comenzó a asimilar nuevas melodías, estilos musicales, a perfeccionar acordes, tiempos, acompañamientos y un largo etcétera, pero llegó un momento en el que el aprendizaje de estos nuevos conceptos cada vez le era más duro, o bien porque eran más complicados o porque necesitaba más horas de estudio diario para poder asimilarlos.

Por lo tanto, su curva de aprendizaje se ralentizaba cada vez más, pero Juan era ya muy bueno, tanto que podía ser profesor de iniciados, ahí me conoce a mí.

Para mí, su nivel era inalcanzable en ese momento y solo tocar como él me parecía un sueño, pero ¿Cuánto mejor es Juan como guitarrista cuando lo conocí respecto a lo que era cuando comenzó a aprender a tocar?

Obviamente es mejor guitarrista, pero la diferencia entre el Juan que conocí hace 12 años al de ahora es mucho menor que el que era cuando comenzó a tocar hasta que coincidimos en nuestra primera clase de guitarra como alumno.

¿Por qué decidimos excusarnos a nosotros mismos con un “ya es demasiado tarde para mí” o “soy demasiado mayor para aprender” cuando nos encontramos ante un nuevo reto?

Como te estoy intentando transmitir, el camino del aprendizaje tiene un pico de conocimiento relativamente asumible de alcanzar, tanto en esfuerzo como en tiempo, la dificultad comienza cuando queremos llegar a la excelencia en el campo en el que estemos involucrados.

Ahí es donde radica la diferencia absoluta entre alguien que toca bien la guitarra y alguien que da conciertos y acompaña a cantantes de éxito o entre alguien que hace buenas fotos y un profesional que se gana la vida con ello y trabaja para grandes firmas.

Aquello de las 10.000 horas para alcanzar la excelencia en algo no es más que un eslogan que echa para atrás al motivado principiante, la diferencia de velocidad de aprendizaje entre las primeras 1.000 horas y las 1.000 horas que van desde las 9.000 a 10.000 horas es mucho mayor para las primeras.

¿Es tarde para aprender algo nuevo?

Si tu objetivo es llegar a la excelencia en tu campo probablemente necesites muchos años de estudio y conocimiento y por lo tanto muchas horas de inversión, dependiendo de cuánto tiempo puedas invertir de tu día a día será un período más largo o corto, a la vez que dependiendo de tu talento innato, algo que no podemos obviar que existe y que acelera este proceso.

Por lo tanto, si no es para un uso profesional y el tiempo de aprendizaje para llegar cerca de la excelencia no te importa, ¿Qué importa cuando empieces?

Mientras escribo estas líneas escucho al pianista cubano Bebo Valdés el cual murió con 95 años siendo un pianista excelente, con 84 años grabó el conocido disco “Lágrimas Negras” junto al cantaor Diego “El Cigala”, con el cual ganó numerosos premios.

¿Tocaba Bebo muy diferente cuando grabó “Lágrimas Negras” que cuando se semi retiró en Suecia 40 años antes en 1963?

Probablemente su técnica era muy parecida y ese aprendizaje que obtuvo durante los primeros años de su vida le sirvió para grabar un éxito internacional casi al final de su carrera.

Aprendido una vez. Disfrutado toda la vida.

Si yo mismo hubiera seguido evolucionando en mi aprendizaje de guitarra cuando decidí parar sobre 2010 probablemente ahora tendría un nivel cercano a mi amigo Juan o a guitarristas de niveles a los que yo soñaba llegar allá por mis comienzos y ahora con casi 38 años habría adquirido una habilidad que me acompañaría hasta el final de mis días.

Empieza ahora, regálaselo a tu futuro yo.

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Enhorabuena, hay muy poca gente que piensa, pero tú no eres un@ más.

¡Mucha fuerza!

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