Hay un experimento psicológico que se realizó allá por 1920 y en el que tienen que ver niños, coeficiente intelectual y un señor que se llevó una decepción.

Lewis Terman, psicólogo de la Universidad de Stanford, uno de los pioneros en introducir los test de inteligencia en EEUU, tanto en escuelas, como en el ejercito, decidió hacer un experimento.

Hizo pasar un test de inteligencia a más de 250.000 niños de escuelas de California, consiguiendo con ese filtrado descubrir 1.528 niños con un CI de más de 140 (Einstein tenía un 160) y, algunos, incluso llegando a 200. Lo que solía llamar el 1% del 1%.

A esos chicos se les llamó Los Termitas.

Terman hizo este estudio y seguimiento durante años, analizando sus avances, midiendo y cuidando sus pasos durante la vida de todos estos chicos ya que, según el psicólogo, estos serían la élite del futuro de EEUU. De hecho, el estudio y las encuestas todavía siguen periódicamente hoy en día, ya que aún quedan unos 200 Termitas con vida, siendo esta prueba psicológica la más longeva de la historia de la psicología y, como encuesta, también la más longeva de la historia en cualquier otra temática.

Terman estaba enamorado de la idea de que estos niños serían premios nóbeles y grandes líderes.

El intelecto y el logro están muy lejos de correlacionarse perfectamente“.

Lewis Terman

Pero con el paso de los años su predicción se vino abajo, algunos Termitas habían conseguido puestos y profesiones destacadas y la mayoría tenían un nivel de vida alto, pero no tan alto como se les esperaba por intelecto. Y, por supuesto, ni cerca de llegar a ser premios nóbeles ni líderes ideológicos o políticos.

De hecho, sobre este estudio, el sociólogo Sorkin indicó que “de haber elegido cualquier grupo al azar en un entorno familiar parecido hubieran tenido los mismos logros que Los Termitas”.

Terman concluyó en su tesis: “El intelecto y el logro están muy lejos de correlacionarse perfectamente“.

También analizó Los Termitas en dividiéndolos en tres grupos:

  • El grupo A, que representaban historias de verdadero éxito: abogados, médicos, etc, que eran el 20% del total.
  • El grupo B, que habían evolucionado “tan solo” satisfactoriamente y que eran el 60%.
  • Y el grupo C, donde incluso habían Termitas que ni se habían sacado el bachillerato (sin olvidarnos que eran mentes privilegiadas), el restante 20%.

¿Qué era lo que había diferenciado a los del grupo A y C?

Las conclusiones de Terman indicaban que la diferencia se evidenciaba entre aquellos a los que sus familias habían enseñado a presentar su mejor cara ante el mundo y aquellos quienes se les había denegado la experiencia.

En definitiva, una comunidad alrededor que los hubiera preparado para el mundo. Es lo que el psicólogo Robert Sternberg llamó “la inteligencia práctica”. “Saber qué decir a quién, saber cuándo decirlo y saber cómo decirlo para lograr el máximo efecto“.Lo que sí realmente diferenciaban a unos y a otros era la confianza, la persistencia y el estímulo temprano por parte de los padres.

Melita Lo que sí realmente diferenciaban a unos y a otros era la confianza, la persistencia y el estímulo temprano por parte de los padres. Oden

Tener la clase de inteligencia que te permite leer las situaciones y conseguir lo que uno quiere. Eso es lo que realmente diferenciaba a un individuo de los demás en un grupo en el que todos tienen los mismos recursos que el resto (en este caso el coeficiente intelectual).

La asociada de Truman, Melita Oden, en 1968, comparó a los 100 individuos más exitosos del grupo y a los 100 que menos éxito habían obtenido, definiendo éxito como la realización de trabajos que requerían de sus dones intelectuales y resultó que, los exitosos y los no exitosos apenas tenían diferencias en su coeficiente intelectual y lo que sí realmente les diferenciaban a unos y a otros era la confianza, la persistencia y el estímulo temprano por parte de los padres.

Sobre Terman también surgieron luces y sombras, ya que sus métodos eran clasificados, a veces, como excesivos y era visto como una persona con sangre fría y un obsesionado por la inteligencia. Periodistas como Walter Lippmann lo acusaban de no poder clasificar y juzgar a una persona y ponerle una etiqueta por un test realizado en 50 minutos y que odiaba el sentido de superioridad que eso creaba y el sentido de inferioridad que imponía.

De hecho, uno de los argumentos que esgrimen sus detractores es que, en esos test donde se escogieron a Los Termitas, fueron excluidos William Shockley y Luis Alvarez, que pocos años después serían premio Nóbel de Física, lo que, según esta corriente contraria a Terman, demuestra que el coeficiente intelectual no lo es todo y hay otras variables que te hacen llegar a la categoría de genio.

Sin duda un estudio muy interesante con una conclusión que ya me decía mi abuela. “Espabila, que te comen la tostá”.

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